Un pacto educativo para el presente

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FEDAMPA Salamanca

Ante el continuo desfile de normas educativas, reformas, modificaciones de la reforma, matizaciones de la norma y ajuste de la reforma de la norma…uno se empieza a preguntar: “¿por qué no funciona?”…realmente no funciona ¿o no dejamos que funcione? ¿Realmente es tan difícil o es que estamos repitiendo, una tras otra, el mismo error de base? Se habla de “la hoja de ruta” que el alumnado debe seguir para llegar a…conseguir un…alcanzar el nivel de…, pero pocos párrafos se dedican al análisis y cuidado del punto de partida. Es difícil llegar a un destino, si no conoces plenamente donde está el lugar desde el que partes.

La educación no debería olvidar este aspecto si realmente queremos que el camino y la meta alcanzada por nuestros jóvenes sean correctos. La educación ha de ser PRESENTE, presente tal cual REGALO diario, oportunidad del momento que ayudará a que el presente de mañana sea más rico que el de hoy. Educación del instante donde la sociedad, familia e institución valoran el ahora como la mejor oportunidad de crecer. Solo así, nuestro sistema educativo supondrá una oportunidad diaria más de evolución y de vivencia significativa.

Si partimos de este planteamiento como premisa básica, deberíamos tener en cuenta:

1 – ¿A quién educamos?

A un alumnado DIFERENTE, COLECTIVO Y CIUDADANO. Chicos y chicas cargados de diversidad, de elementos diferentes que completan el puzzle como panel único, en el que, cada una de esas diferencias deberían considerarse imprescindibles. Crecer en un grupo donde esto sea una realidad y no una falsa integración,

garantizará un ciudadano cargado de valores humanos que ayuda a la inclusión como necesidad propia. Tal cual panel de puzzle mencionado, educaremos a cada uno para que, como pieza con forma única, tenga su lugar y participe de la elaboración colectiva de un objetivo. De esta forma tal vez no necesitemos tanto 2ºA ó 5ºC, el grupo de 3 años y el de 16, ni tendremos el sentimiento de “pobre…no llega”, ni la foto diaria de niños sentados en fila, perfectamente callados.

2 – ¿Para qué educamos?

Para que cada uno pueda reconocerse y aceptarse. De nuevo volvemos a estar en un punto de partida imprescindible para poder mejorar, crecer cada día. No puedo buscar nuevas cosas si no soy consciente de las que tengo. Si conozco mis cualidades y las utilizo, podré crecer para ofrecer y ofrecerme lo mejor de mí. Solo así conseguiremos una riqueza que asegure el futuro que aún no existe. Si pensamos así, no se necesitarían currículos tan cargados de contenidos que no se tiene claro que hagan falta. Diseñar el sistema educativo de esta forma es como cargar una maleta de mil cosas porque no sé muy bien ni donde voy ni qué necesitaré allí. Peso inútil, energía desaprovechada…

3 – ¿Con qué educamos?

Analicemos ahora el modo, las herramientas y los temas con los que enseñamos. Hablemos, por lo tanto de metodología, recursos y currículo:

  • Metodología, ¿cuál?. Todos contestaríamos que la mejor, la más actual, la más novedosa. Todo ello no solo trata de utilizar teorías con más de 15 ó 20 años de antigüedad calificándolas de “nuevas metodologías”. La auténtica innovación educativa es la que el docente construye en cada momento en la interacción con su alumnado. En ningún caso, me refiero con ello a la necesidad de una constante improvisación, si no a la necesidad de tener en cuenta esa improvisación como parte importante en la aplicación de esas mejores y actuales metodologías. Y para esto hace falta FORMACIÓN, teórica y creativa. El profesorado necesita sentirse cargado de principios de actuación con los que poder jugar de manera diferente según el presente ante el que esté. Necesita sentir la seguridad de que se le valora y que se confía en él como profesional formado que es y como autoridad plena en el contexto de su trabajo.
  • Los recursos no siempre tienen que ser equivalentes a pizarras digitales, tablet, libro de texto o material diverso. Todo ello es importante pero no lo único. Seguramente es mucho más importante contar con el propio alumno como el recurso vivo imprescindible para el desarrollo de cada clase. Sus características, capacidades y aportaciones se han de convertir en el material con el que el profesorado cuenta y a ello añadir el resto de herramientas. Así no nos encontraríamos con “utensilios” olvidados que se consideraron adecuados y en los que se invirtió mucho dinero. Aquí, se le viene a uno la situación del niño que juega con la caja más que con el juguete que había dentro, porque ante la caja el pequeño es un “recurso”, es una herramienta para construir, pero ante el juguete de “última generación” solo es un espectador.
  • Y el currículo…la gran obsesión del sistema educativo. Recordemos la metáfora de la maleta. ¿Uno entendería como adecuado llenarla de mil cosas pensando en el “por si acaso”? Cuando lo hacemos, y no son pocas veces, a la vuelta comprobamos cómo más de la mitad de lo metido, viene sin utilizar. Esto es igual que si analizamos la cantidad de conceptos que los alumnos “meten” en su cabeza, ocupando sitio, consumiendo energía para luego darse cuenta de que, lo que en realidad necesitó después fue la actitud que aprendió ante una situación de aprendizaje y no tanto lo que memorizó en ella. Nuestra sociedad ha cambiado tanto y lo hace a tal ritmo que lo que hoy me sirve mañana está obsoleto. ¿Qué sentido tienen, entonces, muchos de los contenidos trabajados? El alumnado de ahora cuenta con miles de conceptos a golpe de clic, por eso tal vez es más importante dónde, cuándo y cómo hace ese clic que el concepto en sí. Mil veces se ha escrito sobre lo caduco de nuestro sistema educativo, sobre la necesidad de pensar en la educación del siglo XXI, de olvidar prácticas decimonónicas…Debemos ser coherentes con nuestro presente y reconocer que en él lo más importante como currículo son las habilidades que puedo aplicar, mejorar y ampliar ahora para que más tarde, en ese futuro que no tenemos ni idea de cómo será, pueda ponerlas en práctica para manejar los contenidos que sean oportunos. Llenemos las programaciones de capacidades, competencias pero de manera real . No nos perdamos en listados de conceptos presentados fuera de contexto y de significado para los alumnos. Si disfrutas de un viaje no es porque te has aprendido monumentos, costumbres y calles de memoria, sino porque viajas con la seguridad de saber manejarte ante cualquier circunstancia del camino.

4 – ¿Quién educa?

Si esta pregunta la lanzamos al aire sin mayor referencia la respuesta sería espontánea y unánime: “pues todos”. No tiene sentido pensar en la educación de nuestros niños en compartimentos estanco. La educación entendida como PRESENTE es responsabilidad de todos. Es la comunidad educativa la responsable donde padres, profesorado, administración y sociedad parten de los mismos principios básicos de crecimiento. De esta forma, ninguno de ellos se sentiría “enemigo” del otro. Tendríamos contextos de debate, discrepancias, discusiones…pero nunca de enfrentamiento. No tendrían sentido límites de responsabilidad o exculpación, si no que cada uno atiende el contexto educativo para que sea una OPORTUNIDAD y lo harán: desde la formación constante, el apoyo mutuo, desde la crítica (evaluación) constructiva y desde el autojuicio.

5 – ¿Y donde educamos?

El lugar debería tener los mismos principios comentados hasta ahora: flexibilidad, adaptabilidad y espontaneidad; todo ello para acoger esa educación que quiere

aprovechar lo que cada momento, cada alumno y cada grupo ofrece. Debe ser un lugar garantizado para todos, porque lo consideramos imprescindible. Ha de ser un derecho y como tal, cuidado desde el ámbito público. Un contexto abierto, democrático y participativo, tanto desde el punto de vista físico como organizativo. Solo de esta forma tiene cabida el presente dinámico y enriquecedor del que llevamos hablando todo el tiempo. No puedo aprender a ser un ciudadano cargado de valores sociales si lo hago en un lugar físicamente rígido, cargado de barreras, puertas cerradas o timbres que ensordecen a cada hora. No lo puedo hacer en clases “homogéneas” sentados en fila de a uno, en recintos cerrados a la oportunidad que ofrece el exterior, sometido a juicios de valor reducidos a un número con dos decimales o a reválidas censales, muestrales o del tipo que sean, pero que esconden, en definitiva un juicio ajeno a todo el proceso de crecimiento seguido.

Como dije al inicio, esto solo es una reflexión, simple, sencilla, sin argumentos teóricos ni base científica, solo apoyada en lo que considero el SENTIDO COMÚN.

El presente es un REGALO y como tal debemos aprovecharlo. Solo un pacto educativo que parta de esta premisa podrá constituirse realmente en un acuerdo de Estado, en un acuerdo social que nadie (partido político, pedagogo o teórico) se planteará eliminar, sino únicamente enriquecer. Pero ¿estamos dispuestos a ello?:

  • ¿Los políticos asumirían una sociedad crítica y creativa?
  • ¿Los profesores están preparados para una enseñanza incierta y cargada de libertad?
  • ¿Los padres están dispuestos a aceptar que forman parte plenamente del sistema educativo y por lo tanto son corresponsables del mismo?
  • ¿La sociedad sabría aprovechar ciudadanos libres y autónomos?

Tal vez la reflexión no era tan sencilla ni tan simple…

No tapemos el presente con capas de futuro. Hablemos de un pacto educativo para que el AHORA de cada alumno sea claramente una OPORTUNIDAD. Solo así su futuro…nuestro futuro estará garantizado.