La necesidad de un aula de convivencia

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logo_fapa_galiciaCONFAPA Galicia


4_7_FAPA_galiciaTodos los integrantes de la comunidad educativa somos conscientes de que la expulsión del colegio o del instituto es una medida que no favorece la corrección de la conducta que la ha causado y de que no es percibida por el alumno o la alumna como un castigo. Hace años que se afirma esto y, sin embargo, sigue sucediendo.

Las familias tenemos dificultades de conciliación ante un hijo o hija expulsado, para que no esté solo en casa en ese período; y muchas veces no sabemos cómo enfrentar lo que supone que no se le permita a ese hijo o hija asistir al centro escolar.

Es en estos casos donde se impone la necesidad de un aula de convivencia cuyo objetivo sea fundamentalmente la atención al alumnado privado de su derecho a participar en el normal desenvolvimiento de sus actividades lectivas como consecuencia de una medida disciplinaria. La llamada aula de convivencia debe ser una alternativa a la expulsión del centro.

En ningún momento debe entenderse como lo que genéricamente llamamos “aula de castigo” o “aula de deberes”, porque la pretensión del aula de convivencia va mucho más allá: favorecer un proceso de reflexión por parte de cada alumna o alumno que sea atendido en la misma, sobre las circunstancias que motivaron su presencia en ella. El objetivo prioritario es que comprendan las consecuencias para sí mismos y para los demás de sus conductas y, sobre todo, que aprendan a hacerse cargo de sus propias acciones, pensamientos, sentimientos y comunicación con los demás. Este proceso deberá aumentar las habilidades de pensamiento reflexivo y de autocontrol a la vez que se les proporciona un espacio para el análisis de sus propias experiencias y la búsqueda de una resolución efectiva de los conflictos interpersonales.

Para ello, el profesorado encargado de atender educativamente dicha aula programará actuaciones que permitan ese proceso de reflexión, reconocimiento y responsabilidad por parte de los alumnos y alumnas que favorezcan actitudes y conductas positivas para la convivencia: todo un proceso de reeducación. Y para esta reeducación llegue a buen fin, debemos reclamar en los centros educativos un profesor/a coordinador/a del aula de convivencia; no basta con profesorado de guardia que acuda al aula algunas horas a la semana. Las administraciones educativas deben proporcionar más profesorado a los centros para que los observatorios de convivencia funcionen, sin descartar la intervención de un educador social.

Somos las familias las que debemos implicarnos para que todos los centros educativos dispongan de un aula de convivencia de las características que hemos citado. Necesitamos que el responsable del Departamento de Orientación de cada centro facilite el material necesario para trabajar los diferentes objetivos del aula y que haya un profesor coordinador que se responsabilice de anotar la evolución del alumno o alumna si su comportamiento o actitud mejora. Dado que el aula de convivencia debería estar atendida durante todo el horario lectivo, precisa de profesorado responsable que complete su horario preparando materiales e informes pertinentes que les permitan, durante el tiempo de reeducación, posibilitar que el alumno o alumna se vea competente emocionalmente, reconstruir y favorecer su autoestima y autocontrol. Debe ayudar a resolver los conflictos de forma pacífica desde el diálogo y la reflexión, así como a compensar las deficiencias que impiden a algunos chicos y chicas su integración escolar.

En una palabra, el aula de convivencia, tal como la entendemos, tiene como misión la educación para la vida y para la integración satisfactoria en la sociedad.