Innovación educativa a través del juego

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FAPACE Almería

En palabras del  historiador, Yuval N. Harari:

“Las nuevas generaciones lo que necesitan por encima de todo es inteligencia emocional y resiliencia o flexibilidad emocional. Porque ellos van a vivir en un mundo en constante cambio que va a cambiar mucho más rápido que el actual…

…Lo más importante que tienen que aprender los jóvenes es cómo crear una identidad flexible, cómo tener la capacidad emocional para no dejar de cambiar a lo largo de la vida, y esto es algo que es muy difícil de enseñar, sobre todo porque los profesores y los adultos no saben cómo hacerlo, y creo que sería una tarea muy importante para la generación ahora joven encontrar la manera de afrontar tanto cambio”.

 El ritmo de las sociedades actuales dificulta enormemente el rol educador de madres, padres y demás miembros de la familia. Compaginar trabajo, obligaciones domésticas, responsabilidades en otros ámbitos junto con los problemas y dificultades con las que se enfrentan diariamente es difícil. Somos conscientes que es difícil por tanto encontrar tiempo para participar en las actividades de las AMPA cuando tampoco se encuentran momentos dentro de los hogares para dedicar tiempo de ocio compartido con los propios niños y niñas. Como todo, siempre depende de las prioridades que antepongamos.

Es por ello que desde FAPACE tenemos la labor de formar a las familias para que configuren una nueva construcción de las necesidades de la infancia. En una sociedad tan exigente como la actual centramos todos nuestros esfuerzos en aportar la mayor calidad en el ámbito de la educación a nuestros hijos e hijas. Formamos a personitas cada vez más competentes para un futuro incierto. Queremos que sean buenos estudiantes, los apuntamos a multitud de actividades extraescolares para que tengan buen nivel en otras áreas menos académicas, copando así todo su tiempo. Para ello la familia se convierte en expertos organizadores de su agenda diaria, en mamás y papás/taxis, llevándoles de un sitio a otro. Sin tiempo. Sin tiempo para las familias, sin tiempo para niños y niñas. Lamentablemente pasan los días y el tiempo de ocio compartido queda relegado a un segundo plano. La participación de las familias en las actividades de la escuela, queda también olvidada.

 

¿Qué debemos transmitir a las familias?

La implicación de las familias en la educación es fundamental. Debe contemplarse con mayor perspectiva y por supuesto con otro enfoque. Lo principal es ver el poder e influencia que ejerce la familia para conseguir un cambio en el ámbito educativo.

¿Apostamos por una educación centrada en los conocimientos y el contenido curricular? La intención de las familias es desarrollar sus competencias y habilidades cognitivas, pero para afrontar su futuro no basta con potenciar sus capacidades, otros elementos son también necesarios para que ganen seguridad en sí mismos, para que sean personas resolutivas y capaces de tomar decisiones. También han de aprender a gestionar sus emociones y a interaccionar con los demás y con la sociedad que les toca vivir.

Nuestro mejor legado será nutrirles de experiencias más que de conocimientos, permitir y fomentar el desarrollo de otras capacidades, como la creatividad y la imaginación, facilitando así mentes productivas, generadoras de ideas y sobretodo de ilusión. Y en ese camino, las familias debemos estar allí, compartiendo esas experiencias con nuestros hijos e hijas. Colaborando para transformar la escuela y apostar por actividades de innovación educativa.

 

Cuando el juego es diversión…

El juego deja de ser juego cuando buscamos en él un objetivo concreto, cuando priorizamos una intención, por muy loable que sea ésta. Por ello, el juego dentro del aula y la familia, no puede perseguir el entrenamiento en un área u otra, ésta vendrá dada de forma natural.

Sin embargo, cuando jugamos con la mera intención de divertirnos, desarrollamos confianza,  y estamos más relajados. Cuando jugamos aceptamos las reglas y al grupo, lo cual permite integrarnos y mejorar nuestros lazos sociales. Es precisamente en éste entorno de seguridad y confianza que generamos una actividad que es puramente intelectual, en la que hay reto, un reto con nosotros mismos así como una complicidad con el resto de jugadores.

En la partida, cada uno de los integrantes tiene una función y son las acciones de cada participante lo que da vida al juego, cada una de éstas acciones tiene valor para los demás, permitiéndoles ser protagonistas de forma equitativa.

Cuando observo a los niños y niñas jugando veo una serie de actitudes y acciones que no se producen normalmente en el contexto de un aula convencional: escucha activa, interacción, toma de decisiones, experimentación, cooperación, participación… pero sobretodo es una actividad significativa impregnada de emoción. Emoción compartida en grupo. Es con el grupo con el que aprendemos, con el que construimos nuestra personalidad, con el que desarrollamos nuestro autoconcepto y nuestra autoestima, es el grupo el que nos permite ser más flexibles y versátiles, en definitiva más creativos.

Cada grupo de juego es como una pequeña burbuja,  el resto del aula deja de existir, no importa el ruido, no importa si alguien entra e interrumpe en el aula, no importa la alarma anunciando el recreo, son capaces de adentrarse tanto dentro del juego que lo demás deja de existir. El juego en sí es una actividad en la que está implícita la atención, esa gran ausente del aula convencional.

La variedad de juegos de mesa existentes nos permite relacionar cada uno de ellos con diferentes áreas, para el desarrollo de la competencia lingüística, matemática, habilidades espaciales, pensamiento deductivo e inductivo, habilidades y estrategias de pensamiento, etc. , quizás, en relación a las habilidades que puede desarrollar, cobran especial importancia las  relacionadas con las funciones ejecutivas: establecer metas, formular hipótesis, planificar, tomar decisiones, resolver problemas, controlar emociones, acciones presentes en toda nuestra actividad cotidiana y muy concretamente con el aprendizaje escolar.

Jugar habitualmente con juegos de mesa permite conocer multitud de contextos, temáticas, reglas de juego, mecánicas y dinámicas de juego, permite experimentar e interaccionar con los demás de múltiples formas, y en cada una de esas variantes experimentamos también nuestras diferentes formas de expresarnos y de comunicarnos, exploramos diferentes capacidades y habilidades, es decir nos permite conocernos y conocer a los demás con mayor profundidad. Nuestra mente se desarrolla en comunicación con los demás, lenguaje y pensamiento tienen una estrecha relación, progresan en correlación mutua, y es precisamente en la interacción social con la que se desarrolla la inteligencia, especialmente la emocional.  De allí que una de los aspectos principales del juego, por encima del desarrollo de cualquier habilidad es que nos permite crear una identidad flexible, esencial para adaptarnos a un mundo en constante cambio.

 

Una apuesta por la innovación educativa

Para dar a conocer la importancia del ocio compartido en familia y el juego de mesa como herramienta educativa,  desde FAPACE, en colaboración con la asociación AFIM 21, impulsamos actividades lúdicas y formativas, utilizando los juegos de mesa modernos como recurso para el desarrollo de competencias cognitivas, emocionales y sociales.

  • Formación a familias y niños en La Mojonera Diputación.
  • Neurociencia y juego de mesa. CEP de Almería.
  • Las Norias. Conciliación familiar
  • Conciliación familiar

Talleres de juegos para los hijos e hijas de las personas asistentes a las actividades formativas de FAPACE.