Convivencia y mediación

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Convivencia positiva

14 Foto 1 Convivencia y mediacionUna de las preocupaciones y ocupaciones de toda la comunidad educativa es procurar y mantener un buen clima de convivencia en los centros educativos, entendida ésta no solo como un fin en sí misma, sino además como medio para facilitar los aprendizajes y el éxito educativo. Un clima de convivencia positiva y la gestión transformadora y participativa de los conflictos generan un entorno seguro y saludable en el que el proceso de enseñanza-aprendizaje puede ir de la mano del bienestar de sus protagonistas. Es más, la convivencia positiva en el centro educativo trasciende las paredes del propio centro ya que contribuye a la formación integral del alumnado como personas y como miembros de una ciudadanía responsable, comprometida y solidaria.

Si bien es cierto que esta visión sobre la convivencia cada vez está más extendida y asumida, tradicionalmente el trabajo sobre convivencia se ha centrado establecer una disciplina que marca límites y sanciones y que busca controlar todas aquellas conductas contrarias a las normas de un modo absolutamente reactivo. El paso hacía un enfoque proactivo y participativo, en el que el alumnado asuma protagonismo y responsabilidades, ha sido lento y, en algunos casos, aún es superficial y no ha conseguido transformar el modo de percibir, concebir y trabajar la convivencia. La difusión y consolidación de este enfoque es todo un reto para construir una convivencia positiva.

 

Un clima de convivencia positiva y la gestión transformadora y participativa de los conflictos generan un entorno seguro y saludable en el que el proceso de enseñanza-aprendizaje puede ir de la mano del bienestar de sus protagonistas.

 

Es necesario dar respuesta a la realidad que vivimos, una realidad compleja y cambiante. Actualmente niños, niñas y adolescentes con supuestas destrezas tecnológicas viven y conviven con personas adultas de referencia, docentes y familias, que, en muchos casos, somos menos hábiles con las tecnologías y, por ello, mostramos mayor prudencia e incluso un cierto temor. La realidad cambia tanto y tan aprisa que hemos de ser conscientes que les estamos formando para un mundo que no sabemos cómo será, para un futuro que aún está por escribir. Por ello es necesario que la formación les permita dar respuesta a situaciones imprevistas, que les capacite para pensar por ellas mismas de modo que, si las cosas cambian sepan cómo entenderlas. Por esta razón es necesario que los centros educativos den un paso más en relación a las tecnologías como elementos clave de este cambio y no prohibirlas sino incluirlas, velando por su buen uso en relación a los aprendizajes y a la convivencia.

Por otra parte, difícilmente trasciende a la sociedad la valoración positiva que, en general, hace el alumnado del clima de convivencia en los centros educativos. Lo que se ve, lo que se da a conocer, son situaciones graves de quiebra de la convivencia como el acoso escolar o la violencia de género entre adolescentes e incluso fenómenos de radicalización de la violencia de los que aún se desconoce la magnitud.

Y aunque no sepamos con exactitud la incidencia de todas estas situaciones si conocemos el impacto, por lo que es necesario darles respuesta. Podemos y queremos asumir nuestra labor educativa, contando con la colaboración participativa y corresponsable de las familias.

 

La construcción conjunta de proyectos facilita la participación activa de las familias y permite que profesorado y familias se sientan parte del mismo equipo, un equipo en el que cada persona juega su papel y se comparten objetivos: el bienestar y el éxito educativo de alumnas y alumnos que son a su vez hijas e hijos.

 

Aunar la construcción de un clima de convivencia positiva desde una perspectiva proactiva, que contemple la gestión transformadora de los conflictos, la reparación y reconstrucción de vínculos y la participación de toda la comunidad educativa requiere un cambio de mirada que nos permita pasar a la acción. Este cambio de mirada parte de un enfoque restaurativo que incluye la mediación escolar y, en los últimos tiempos, otras prácticas restaurativas que se abren paso en los centros educativos, desde círculos restaurativos para abordar la gestión conjunta de conflictos a círculos de diálogo que pretenden fortalecer vínculos para trabajar la prevención.

Ante estos retos, todos y todas estamos invitados a implicarnos, pero, como no basta pensar sino que hay que pasar a la acción, es necesario un equipo impulsor y aquí los equipos directivos deben ejercer su liderazgo. Deben facilitar entornos, espacios y tiempos así como adecuar las estructuras para mejorar el trabajo en el aula, apoyar y estimular el trabajo de las y los docentes y facilitar la participación activa del alumnado y las familias. La formación de toda la comunidad educativa y de la propia organización va a jugar un papel clave en estos procesos. No se trata de informar sino de formarse conjuntamente, siempre que sea posible, y fomentar la construcción de conocimiento compartido aprovechando las experiencias que vivimos todas y todos para dar las mejores respuestas posibles teniendo en cuenta los propios intereses y los de las otras personas.

La construcción conjunta de proyectos facilita la participación activa de las familias y permite que profesorado y familias se sientan parte del mismo equipo, un equipo en el que cada persona juega su papel y se comparten objetivos: el bienestar y el éxito educativo de alumnas y alumnos que son a su vez hijas e hijos. La mediación escolar es uno de los proyectos con más éxito para trabajar conjuntamente en y por la mejora de la convivencia.

 

Mediación escolar

La mediación es un proceso estructurado de gestión de conflictos en el que las personas enfrentadas se reúnen en presencia de una tercera persona imparcial, el mediador o mediadora, y, mediante el diálogo, de manera respetuosa y colaborativa, buscan conjuntamente salidas al problema, reparar el daño y restaurar relaciones. La mediación es voluntaria y confidencial y los acuerdos y decisiones son tomadas por las personas en conflicto de manera libre y responsable.

 

La mediación escolar debe ser entendida como algo más que una herramienta o estrategia de gestión positiva del conflicto ya que fomenta la cultura de paz.

 

La mediación escolar, por el ámbito en el que se lleva a cabo, aporta elementos singulares. Más allá de buscar acuerdos, que también, la mediación escolar entiende el conflicto como:

  • un elemento natural que debe ser gestionado de manera pacífica y mediante el diálogo,
  • una oportunidad para aprender, tanto las partes en conflicto como las personas mediadoras, para restablecer vínculos y entrenar habilidades.

Por ello, la mediación escolar no solo es una herramienta para gestionar conflictos sino que contribuye efectivamente a la construcción de un buen clima de convivencia, fomenta actitudes y valores de respeto y de cooperación, impulsa la comunicación, contribuye al desarrollo personal y favorece las relaciones interpersonales. Por todo ello, la mediación escolar, además, debe ser entendida como algo más que una herramienta o estrategia de gestión positiva del conflicto ya que fomenta la cultura de paz.14 Foto 2 Convivencia y mediacion

Si bien en algunos lugares la mediación escolar la ejercen personas externas, son mayoría los centros que han apostado por un modelo interno que refuerza el potencial educativo y “cultural” de la mediación escolar.

 

Las familias son clave para que sus hijos e hijas valoren la mediación como una alternativa positiva a las sanciones, para fomentar valores de compromiso y solidaridad mediante el reconocimiento de su tarea como mediadores y mediadores y para crear vínculos de confianza con el centro educativo.

 

En este sentido, es clave una formación que contemple no sólo conceptos teóricos y técnicos sino además y, sobre todo, los valores de la mediación y las competencias sociales y comunicativas necesarias para ponerla en práctica, porqué éstas, además, capacitan para la vida.

La experiencia avala que cualquier persona que se forme puede ser mediador o mediadora escolar. No es necesario un proceso de selección, aunque quizás destacaríamos dos requisitos: el compromiso y la voluntad de servicio, es decir, querer ayudar a otras personas a resolver o gestionar sus conflictos positivamente confiando en sus posibilidades.

 

La mediación escolar es útil para resolver o gestionar conflictos interpersonales en los que las partes han de seguir relacionándose, siempre que estén dispuestas a llegar a un acuerdo para convivir, que las emociones no bloqueen el diálogo y que entre ellas no exista un desequilibrio de poder que sitúe a una en inferioridad de condiciones respecto a la otra.

 

Se ha comentado anteriormente como los proyectos compartidos generan vínculos y refuerzan la confianza. La mediación escolar ofrece la posibilidad de trabajar toda la comunidad educativa conjuntamente para mejorar la convivencia. Por ello, la formación debe ir dirigida a la comunidad educativa: al alumnado, al profesorado y también a madres y padres y, siempre que las condiciones lo permitan, debería plantearse de manera conjunta. Éste ha sido el modelo formativo por el que se ha optado en Catalunya y que ha contribuido al éxito de la mediación escolar.

Cabe destacar que el papel de las familias respecto a la mediación va más allá de la formación compartida e incluso de la participación activa en el servicio de mediación del centro. Las familias son clave para que sus hijos e hijas valoren la mediación como una alternativa positiva a las sanciones, para fomentar valores de compromiso y solidaridad mediante el reconocimiento de su tarea como mediadores y mediadores y para crear vínculos de confianza con el centro educativo.

Y, ¿cuál es el papel del alumnado? El alumnado es el sector de la comunidad educativa más numeroso, pero no siempre tiene un papel activo en la gestión de los conflictos ni en el trabajo de la mejora de la convivencia. En éste y en otros ámbitos de su proceso de aprendizaje es necesario darle un papel protagonista. ¿Por qué si chicos y chicas1 pueden crear conflictos no han de poder gestionarlos y darles respuesta? ¿Por qué no han de poder ayudar a sus compañeros y compañeras a hacerlo? No solo pueden, sino que lo hacen y lo hacen bien. Buena parte de la potencia y el éxito de la mediación escolar se debe a que mayoritariamente la llevan a cabo los y las iguales.

Respecto al proceso de mediación escolar, es decir, a las fases a seguir, aparecen brevemente descritas a continuación. A pesar de que la mediación escolar forme parte del proyecto educativo de centro y sea conocida por toda la comunidad educativa, antes de iniciar el proceso, es necesario informar a las familias de las partes implicadas, pedir consentimiento y asegurarnos su apoyo.

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La mediación escolar es útil para resolver o gestionar conflictos interpersonales en los que las partes han de seguir relacionándose, siempre que estén dispuestas a llegar a un acuerdo para convivir, que las emociones no bloqueen el diálogo y que entre ellas no exista un desequilibrio de poder que sitúe a una en inferioridad de condiciones respecto a la otra. Así, ¿qué podemos decir de la mediación frente al acoso escolar?

 

Mediación y acoso escolar

Ante una situación de acoso escolar, el proceso de mediación, aunque existen discrepancias entre diferentes autores, no sería adecuado a menos que se hiciera un trabajo previo tanto con la persona acosada como con la acosadora para intentar un equilibrio entre ambas y la posibilidad de reconocimiento y empatía. Ahora bien, lo que sí puede ser válido para un programa eficaz de prevención e intervención es utilizar técnicas “mediadoras”: el diálogo, el empoderamiento, el reconocimiento, la empatía, la responsabilización, la búsqueda conjunta de soluciones…

 

(…) las actuaciones deben dirigirse a todo el alumnado para que cada niño, niña y adolescente, tenga la posibilidad de aprender del presente y construir el futuro.

 

Todo programa de prevención e intervención ante el acoso escolar ha de tener en cuenta que quienes están implicados e implicadas son menores y que por ello están sujetos a especial protección y que todas las medidas adoptadas deber respetar el interés superior de los y las menores, sea cuál sea su papel en la situación de acoso.

En este sentido, sería realmente interesante que cada escuela, contando con toda la comunidad educativa, diseñara su propio programa de prevención, detección e intervención frente al acoso escolar y que con estos programas se diera respuesta a las necesidades de todo alumnado, pero contando con él. Insistimos en que las actuaciones deben dirigirse a todo el alumnado para que cada niño, niña y adolescente, tenga la posibilidad de aprender del presente y construir el futuro.

 

1 Se hace referencia a la mediación entre iguales en educación secundaria, aunque también existen centros de educación infantil y primaria en los que se lleva a cabo.

 

Bibliografía

Boqué, M.C. (2005). Tiempo de mediación, Barcelona, CEAC

Uruñuela, P. (2016). Trabajar la convivencia en los centros educativos, Madrid, Narcea

Revista CONVIVES nº 4: Mediación escolar y nº12: La voz de las familias y la convivencia en http://convivesenlaescuela.blogspot.com.es/

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